Artículo de Andreu Manresa en El País: Vinos, éxitos y sospechas.

El original de este artículo está escrito en catalán. Se ha realizado la traducción para los seguidores de la web de la DO Pla i Llevant.

Artículo original

Palma 24 AGO 2019 – 23:24 CEST

Un retrato rápido del mundo del vino isleño: hay bodegas de gasolinera, condes de Francia y señores aquí, gente de banquillo, campesinos de su tierra, abogados de despacho; hoteleros discretos y negociantes raros, empresarios de prensa y profesionales modestos, expertos y vinateros roqueros; enólogos y mágicos, rentistas y discotequeros, cautelosos honestos y inverssors internacionales ociosos, comerciantes ricos con buena intención y otras operaciones misteriosas y algún tipo de negociando bajo sospecha. También hay vinateras y enòlegues de altura: labradores, universiàries, morcillas y comunes. Hay dos artistas que tienen su vino (anónimo) y otros que hacen etiquetas.

En el mundo del vino en las Islas Baleares hay un montón de historias y cientos de vinos, casi 800, natos y hechos aquí. En Mallorca hay uno que parece que es el fin del mundo, Na Blanca, selecto, hecho por los hoteleros Barceló que sembraron viña aislada a su Formentor. De lo contrario hay otro, en Formentera, en los confines de la tierra, que tuvo puntos, Cap de Barbaria que es en los alrededores de un exhotelet ahora propiedad de los Bernat ex del Chupa-Chups y señores de la casa Batlló de Barcelona.

Empero casi todos los vinos de Formentera son del propietario de Prensa Ibérica, (Diario de Ibiza, Diario de Mallorca, El Periódico y muchos más), en Javier Moll quien batía Terramoll su bodega y dio nombres locales a sus cinco vinos. Nunca sabremos ya como era el vino payés de las viñas viejas de El Pilar de la Mola que tenía Xumeu den Carlos, que ahora con 92 años narró al programa ‘Aire’ de IB3 Radio, de Joan Cabot, que a los 70 sembró marihuana entre las cepas. La semilla, el deseo y las muchas plantas eran por Gabrielet (Tur Costa), ceramista y personaje indómito, ciertamente mitificado como otros illòmans un poco perdidos, que no ‘Robinsons’.

Se levantan nuevas bodegas y el último más plantós, una nave moderna obrada por la familia de arquitectos Moneo es la vieja posesión de los tradicionales vinateros Ribas, de Consejo, estilo al ex-Mallorca de los señores y campesinos. Renacen otras bodegas que empollan vinos en una montaña (Santa Catarina de Andratx), se dispersan pequeñas o grandes pirámides o cajas de zapatos: bloques de hormigón moderno que queda decorado, a veces tapado de una piel de piedra seca. En Menorca dominan los vinos de Binifadet los Inglés, bodega que sigue fuerte a pesar de que derribar parte de las construcciones para pleitos urbanísticos.

Los clásicos y seguros Ferrer de Binissalem que ahora tienen unas grandes naves con una estructura aérea de costillar de madera nórdica y hacen eventos. El hotelero y cazador con perros ibicencos Sebastià Rubí domina otro grande en el mercado, masivo y de premios, Macià Batle. Casi todo el mundo busca el negocio lateral, la cata y la venta directa al visitante. Las bodas y las presentaciones. Rubi vendió un hotel para muscular la bodega que tenía en oferta.

A los pequeños importantes de Ca sa Madrina, Sunyer del pueblo de Sencelles, obra del profesor Sunyer e hijos, los han hecho mudar tres veces su marca: Manto Negro, Montenegro, Montnegre. Tienen un peso determinado los Binigrau de Biniali y con Obac y los Canyelles Alcalde de Alcudia con Pecado, ambas bodegas ramas y réditos de la venta del negocio coral Macià Batle, a quien sigue a la rueda del barco en Ramon Servalls, uno de la familia central Alcalde.

También hay externos, del continente y de lejos, que sembrarán viña y anuncian que resucitar como bodega uno de los falsos castillos de carretera (can Alorda de Manacor) hecho por la gente que iba camino de ses perlas y cuevas de Manacor. El modelo de la economía de suvenir y visita de autobús ahora en sustitución por otra, distinta, de solitarios del mercado de la sociedad digital, que se busca a uno mismo. Una gran pocilga de cerdos de Fontanet rico (100 años ya) a Alarò es la bodega Castillo Miquel de Michael Popp, el dueño alemán de la gran marca de plantas medicinales Bionorica que se haga su sa Canova de sa Nostra, los planteles y la escuela de la polvareda en caja sa Nostra. Toda una metáfora de la crisis y el desbarajuste financiero. Y existen envites de vinateros simples y caro, viñedos y arquitectos de la casa, como la musculada Tianna Negre, ligada a una empresa distribuidora de licores, Morey. Otra comercial de cervezas can Bordoy -y ex-Agama todo de Damm- haga una bodega y una gran viña en sa Rota de Sa Torre de Llucmajor y arriero cientos y cientos de camiones de tierra buena del plan de San Jorge y de los alrededores de las obras de la carretera de Manacor.

Tianna y sa Rota tienen mucho vino y buscan nombre. Como lo hace en todas el muy publicitado Vino Rey de Cala Pi que es de los dos excamarera binissalamers Pascual Bibiloni, ahora hoteleros de Pabisa, competidores y un compañero de causa y banquete de la macrocasa Tolo Cursach, de BCM. De las discotecas, cervecerías, pubs con gogó fueron los hoteles y luego a la gran finca y la bodega.

Un sobrino de Fontanet rico, en Pedro Obrador, tenía una distribución de material de suvenir y hace vinos, Pedro Negro por sueño Negro, cae original de los vinos viejos del Callet de fama de Alma Negra y de donde nació , distinta la nueva viticultura de Mallorca, hace años también con la otra parte de la pareja 4 Kilos. Ni los pioneros de AN en Son Burguera (Miquel Angel y Pedro) ni los de 4K al Puig Verde (Grimalt y Caballero) se han hecho grandes bodegas, pirámides, edificios manifiesto sino que se cuidan de los vinos y el lenguaje de su patria pequeña, la tierra y la uva. La marca, la referencia, la personalidad.

Es así, distinto, el mundo de los Majoral, Mesquida Mora, ambos Gelabert, Seda, Miquel Oliver, Oliver Moragues, Puntiró, Cornet, Armero Adrover, Son Puig, Mortitx … Porreres, Algaida, Manacor, Santa Eugenia. Banyalbufar, Puigpunyent. El listado y el mapa no cabe en una crónica.

El gasolina Febrero hace vino nuevo en Porreres, Blanca Tierra y el hotelero Ramis en Son Ramon y los Graf de Portales, Teka y son Caliu tienen Biniagual, un pueblo entero y una bodega con vinos.

Asimismo se hacen naves industriales de polígono como las de la gran posesión de Es Fangar, obra hecha en Felanitx, aunque las viñas son Manacor / manacorines del señor Peter Einsemann. Este, ha llegado a emplear a 80 trabajadores en la finca, pero ahora su empresa madre en Alemania está en concurso, en un crack congelado.

A peso, Es Fangar, (con caballos, frutos, aceites, hierbas, pistas cubiertas y chalets para alquilar) es de los que más viña nueva ha hecho y quien tiene la bodega más grande. Y no hablemos de las viñas nuevas enterradas en una catedral de piedra de los Schwarzkopf de la cosmética que prensan la casa Axartell en Pollença. O los suizo rico de Son Mayol que empezó engordando toros de Angus entre copias de estatuas de soldados chinos y anunció el mejor vino de la isla sin cata externo. Un desconocido, el dueño de la gran cadena Müller, hace los vinos de caso Beato en Capdepera y es cierto que se multiplican las hectáreas de viñedos sembradas partes, partes. Son ‘vinateros’ rusos, alemanes, suecos, suizos que quieren hacer sombra o ir a la rueda de los autóctonos respetables -algunos, bastantes- y hacen el ojo vivo o bravegen de otros locales, quizás con algún especímen sospechoso sobre su vocación , precedente o intención vitivinícola.

Nunca se llegará al pasado del siglo XIX durante el casi cultivo único que truncó la filoxera, las deudas, las hipotecas, y un poco el vino magro de calidad y precio. El pasado no tiene remedio pero a veces devuelve con trazos dispersos como una fantasma para evidenciar qué.

La memoria negra del fracaso de la viña del tiempo de la filoxera, el trabajo esclavizado de los agricultores que sembraban el cepas en la tierra magra de Mallorca, ha aflorado en una obra pública. Las cubetas, las tumbas de los viñedos del pasado, mejor dicho los baches y las acequias, para sembrarlas el marés, se ven dentadas, al corte de las aceras en la macroobra de la carretera / autopista de Llucmajor. Hace 150 años hacer cubetas era un trabajo esclava. De miles y miles de campesinos para escribir en la tierra una guerra perdida, otra.