Balance del año nefasto

03/10/2020. ABR. Comunicación: videmallorca@gmail.com

Chardonnay en flor de la Bodega Oloron

Un año más. Otro ciclo de la uva concluido. El año ha sido pródigo en sustos: tiempo atmosférico, enfermedades y coronavirus, como causas de malos efectos.

Y el primer problema fue el coronavirus. Con la primavera la viña se despertaba y se formaban las primeras hojas. La venta de vino cayó de manera drástica. Cuando tiendas, restaurantes y hoteles hacen sus compras, ante la perspectiva de no tener clientes, estas se redujeron a cero. La falta de ventas ya anunciaba otro problema. Las bodegas estaban llenas de vino y se necesitaba espacio para poner el que vendería con la nueva añada. Sobre la marcha y sin ninguna experiencia previa iban tomando decisiones. Por un lado, se lanzó una campaña de distribución de vinos desde las propias bodegas, si el consumidor no podía ir a la bodega, los vinateros lo llevarían a casa. Campaña cargada de ilusión y buena voluntad, pero de resultados desiguales.

Surgió la necesidad de tomar nuevas medidas. Alguno en la misma viña. Se veía la necesidad de reducir la producción para evitar el desbordamiento de las bodegas. Se hicieron esporgas severas en este sentido. Y, también, se renovaban acuerdos entre bodegas y viticultores en el sentido de que los vinateros seguirían comprando uva, aunque en menor cantidad, y de esta manera se repartirían las pérdidas.

A todo esto, la campaña turística no empezaba. El confinamiento no era justo algo de aquí, sino de toda Europa. Los mejores clientes del vino no llegaban. En el mes de julio se animó la temporada turística y mediados de agosto concluyó.

Y las viñas, ajenas a los problemas seguían creciendo, aunque por momentos el tiempo atmosférico no acompañaba mucho. Y como las desgracias nunca vienen solas apareció el mildiu, enfermedad siempre presente, pero que a base de trabajo se puede controlar, pero este año ha cogido una virulencia extraordinaria, como no lo hacía desde muchos años atrás y ha arrasado viñedos de las que no se ha podido cosechar ni un solo uva. El oidio, también se ha hecho presente como cada año, pero sin aumentar la intensidad del ataque. El mosquito verde también se ha dejado sentir hacia el final del ciclo. Y con la humedad habitual de final de verano en ciertos viñedos amenazaba la botritis, enfermedad que afecta a la fermentación del mosto.

Parecía que el mildiu quería contribuir a la reducción de la cosecha, pero si bien ha afectado a muchos viñedos ha actuado al azar perjudicando de manera desigual. Y, para completar el cuadro, los temporales de finales de agosto. Granizon distribuido sobre la isla al azar. Y entre Estellencs y Esporles los tornados sembraron destrucción total a su paso.

Y al final esperanza, la uva que se ha salvado es de buena calidad. Podemos concluir estos comentarios repitiendo un mensaje que he recibido recientemente: con el año que llevamos bebemos muy poco!