Reto-propuesta a los restaurantes

24/09/2020. ABR. Comunicació: videmallorca@gmail.com

Este año está siendo muy especial por el mundo del vino, las dificultades parece que no terminan: el coronavirus, el mildiu, aguadas y granizo han puesto una nota diferencial negativa 2020. Quién lo iba a decir, un año tan guapo de número y tan feo de resultados.

Desde esta web hemos hecho sucesivas llamadas a la solidaridad con el sector del vino. Explicando qué significa para la economía de todo el sector la compra de vino y cómo se incardina el sector en el conjunto de la economía de la isla. También hemos recordado muchas veces el servicio a domicilio que hacen las bodegas y animar a todo el mundo con la ruta enológica.

Ante ello hoy queremos hacer una propuesta al sector de la restauración de la isla. Conocida es la frase de que vino de Mallorca es caro. Esto siempre me recuerda la anécdota de los tomates de aquel que en el mercado a comprar y pide su precio y le dicen, por ejemplo, 2,5 euros. El comprador las encuentra caras y, el vendedor, le explica que son tomates que llevan fuera y el transporte es muy caro y siempre existe el el riesgo de pérdida de parte del producto. El comprador se interesa por el precio de otras tomates y están marcadas a 3,7 euros. Y estas de donde las llevan, pide. No, estas es que son mallorquinas !, contesta el vendedor. Y al vino le pasa más o menos lo mismo.

Al vino le pasa más o menos lo mismo. Por eso quisiéramos proponer a los restauradores una actuación respecto de los vinos que no es original porque hay restaurantes que lo practican, pero quw quisiéramos proponer su extensión. Se trata de realizar una acción de transparencia e informar cómo se elabora el precio del vino. Este incremento se podría hacer de una manera escalonada según la categoría del restaurante. Podrían afirmar: en este restaurante el precio de coste del vino se incrementa en 4, 5 o 7 euros por botella y, o lo que consideran que los recompensa del trabajo que les lleva el vino: comprar, almacenar en condiciones adecuadas, informarse de las características del vino, conocer los maridajes adecuados o destaparlo. Todo esto tiene un costo y es bien justo que se pague. Si se añade una cantidad lógica de acuerdo con estos trabajos, seguramente el precio bajaría y la consecuencia inmediata será el aumento del consumo de vino, especialmente del mallorquín.

Hacemos esta propuesta-reto en los restaurantes. Que lo prueben de hacer durante dos semanas y al final de las cuales que saquen cuentas y vean si esta manera de actuar es más favorable para todos: bodegas, distribuidores y restaurantes y, especialmente, para la satisfacción de los clientes. Y más allá, y por todos, la satisfacción de colaborar y ser solidarios con un sector que, ya lo hemos dicho, afecta a toda la economía de la isla.