Crisis en el mundo del vino desde el siglo XIX al XXI. Siglo XIX, el oídio. (2)

09/07/2022. ABR. Comunicació: promoció@doplaillevant.com

En el artículo anterior hablábamos de la plaga del cigarrero, finalmente superada. La calma no duró muchos años porque en 1852 entró una enfermedad: la ceniza o el oído. Ésta fue la primera patología que nos llegó de América, después vinieron el mildiu y la filoxera. Y, en la actualidad, la xilela. La expansión en Europa fue muy rápida, la primera cita data de 1847 en Inglaterra.

En Mallorca entró por la costa de Banyalbufar, Estellencs y Valldemossa destruyendo cultivos de moscatel y malvasía y de moltona en Pollença. Afectó mucho menos a los viñedos de Levante. Como que o en Cataluña y Francia se produjeron grandes destrucciones de viñedo, los municipios de Llucmajor, Porreres y Felanitx se vieron favorecidos aumentando mucho, durante un cierto tiempo, las exportaciones de vino y aguardiente pasando a ser la segunda zona exportadora a América por delante de Tarragona, Barcelona, ​​Valencia y Cádiz que tradicionalmente ocupaban el primer puesto.

En Mallorca se tuvo la suerte de que cuando entró el oidio ya se conocía la forma de combatirlo mediante la aplicación de azufre en polvo. Esta solución llegó después de años de diversas probaturas y grandes discusiones. Incluso se convocó un concurso para que se presentaran propuestas de lucha contra la enfermedad. Se presentaron más de un centenar. Algunas de ellas de eficacia, poca, sin embargo, de imaginación, mucha. La extensión de su aplicación en todos los cultivos fue lenta. Este método todavía es utilizado actualmente. El oidio sigue siendo una de las enfermedades más temidas por los viticultores. Las condiciones de nuestro clima: calor y humedad son muy adecuadas para sus ataques se puedan producir en cualquier momento del ciclo anual del viñedo.

Se trata de una enfermedad grave porque destruye los granos de uva al no dejar crecer la piel cuando los granos aumentan su volumen. El grano, literalmente revienta y deja la puerta abierta a la entrada de otros parásitos. Además de esto, el oidio elabora metabolitos que dan mal gusto al mosto y al vino. Un 5% de granos afectados puede destruir una partida de vino.

Las crisis también fuerzan a la imaginación para buscar soluciones para seguir manteniendo la producción. En una exposición de vinos en Madrid, en 1857, como los elaboradores no disponían de vinos de suficiente calidad para ser presentados las bodegas dedicaron sus esfuerzos a profundizar en la elaboración de aguardientes. En aquella exposición aparte de los aguardientes anisados ​​que eran los de producción habituallos prepararon aromatizados con algarroba, higos, madroños y palmito. Imaginación por superar la crisis.
Los problemas no se acabaron con la superación del oídio, otros estaban al acecho..