19/01/2026. BMA. Comunicación: promocio@doplaillevant.com

El vino en España: más que una bebida, una parte de la cultura respaldada por los datos
España es un país con una tradición milenaria en torno al vino. Desde los viñedos de La Rioja y Ribera del Duero hasta las islas mediterráneas como Mallorca, el consumo de vino ha estado siempre ligado a la gastronomía, a la socialización y a un estilo de vida mediterráneo. Pero más allá de la tradición, los datos más recientes muestran cómo el consumo de vino se ha estabilizado y, en algunos casos, incluso ha vuelto a crecer, confirmando su relevancia dentro del contexto alimentario actual.
Según el análisis más reciente del sistema de información INFOVI, el consumo aparente de vino en España se situó en torno a los 9,7–9,8 millones de hectolitros en el período 2023-2024, una cifra que refleja estabilidad tras años de volatilidad provocados por la pandemia y la inflación. Esto supone una tendencia prácticamente estable o ligeramente creciente en el consumo, lo que indica que el vino sigue teniendo presencia en el día a día de los consumidores españoles.
A pesar de que estas cifras se mantienen por debajo de los máximos históricos de principios de 2020 —cuando España llegó a superar los 11 millones de hectolitros consumidos anualmente— el comportamiento reciente pone de manifiesto la solidez del sector, especialmente en el canal de alimentación, donde el valor de las ventas ha aumentado mientras los consumidores muestran un mayor interés por productos de mayor calidad.
Tendencias actuales de consumo
Estabilidad tras la crisis
El consumo de vino ha dejado atrás las caídas más pronunciadas y, a pesar de pequeñas fluctuaciones, se ha consolidado en una franja estable a lo largo de 2024-2025, con volúmenes en torno a los 9,7 millones de hectolitros. El canal de hostelería y restauración, tan importante para el vino como experiencia social, también comienza a mostrar signos de recuperación.
Cambio de preferencias
Las estadísticas de consumo por tipología muestran que los vinos tranquilos —tintos, blancos y rosados— siguen siendo los más consumidos, con una tendencia clara a priorizar la calidad por encima del volumen. Esto se refleja en un aumento del precio medio por litro vendido, indicativo de que el consumidor está dispuesto a pagar más por vinos con un mejor perfil organoléptico.
Canal de alimentación frente a hostelería
En el último período analizado, el canal de alimentación —destinado al consumo en el hogar— ha registrado un incremento en valor, mientras que el volumen se mantiene relativamente estable o con ligeros descensos. Este comportamiento apunta hacia un consumo más selectivo y consciente por parte de los consumidores españoles.

Vino y salud: un debate respaldado por datos
A lo largo de los años, el vino ha sido a menudo elogiado —y en ocasiones malinterpretado— por su posible impacto en la salud. Algunas investigaciones realizadas en España han sugerido que un consumo moderado de vino, dentro de una dieta mediterránea equilibrada, puede asociarse con un menor riesgo de determinadas enfermedades cardiovasculares, posiblemente gracias a la presencia de compuestos antioxidantes como los polifenoles contenidos en la piel de la uva. Estudios como los derivados del proyecto PREDIMED apuntan a que un consumo de entre 3 y 35 copas al mes podría asociarse con una menor incidencia de eventos cardiovasculares en poblaciones de riesgo, siempre que dicho consumo no exceda los límites de la moderación.
Es importante subrayar que los expertos en salud insisten en que estas posibles asociaciones no convierten el vino en un medicamento, sino en una bebida que puede formar parte de un estilo de vida saludable cuando se consume con moderación y dentro de un patrón alimentario equilibrado. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que no existe un nivel completamente seguro de consumo de alcohol y que este debe valorarse siempre en el contexto de la salud global y los riesgos asociados al alcohol en general.
Conclusión: el vino como elemento cultural y gastronómico
En definitiva, el vino en España sigue siendo mucho más que una simple bebida: es cultura, tradición y gastronomía. Su estabilidad en el consumo, la evolución hacia productos de mayor calidad y su integración en momentos sociales y culinarios reflejan una relación entre los españoles y el vino que va más allá de las cifras.
A medida que los consumidores evolucionan, el vino también lo hace, adaptándose a nuevas preferencias, a una mayor cultura del vino y a una valoración más profunda de la calidad. En este contexto, denominaciones como la DOP Pla i Llevant contribuyen a enriquecer el panorama vitivinícola español con vinos de carácter propio, conectando los datos globales y nacionales con el paisaje y la expresión del territorio.






